Cuando hay un impacto, lo que queda es la versión del conductor, la versión del otro y el parte. Lo que pasó en los segundos previos —a qué distancia venía, si se salió de la pista, si el de adelante frenó de golpe— no está en ninguna parte, y es exactamente lo que define de quién fue la responsabilidad.
Una cámara ADAS mira esos segundos. Reconoce que la distancia con el vehículo de adelante bajó de lo razonable para la velocidad que lleva, que el camión se está corriendo de la pista, que hay un obstáculo al que se está llegando demasiado rápido. Y lo marca como evento en el momento en que ocurre.
Ese registro sirve para dos cosas distintas. Para reconstruir un incidente con imagen en vez de con versiones, y —la que termina rindiendo más— para ver el patrón: cuando las alertas de distancia peligrosa de un conductor se repiten siempre en el mismo tramo, eso deja de ser una anécdota y pasa a ser algo que se corrige antes de que haya un choque.